martes, 2 de febrero de 2010

Evolución (no Revolución)



El país ha estado inmerso en un ambiente de protestas en las dos últimas semanas. Los estudiantes han "calentado" la calle con creatividad, contundencia y sobretodo inteligencia, porque a pesar del interés de un sector de los venezolanos (chavistas y opositores) de llamar y de tentar a la violencia, han logrado mantener el corazón caliente pero la cabeza fría como para marcarse objetivos, cumplirlos y retirarse, dejando a la "resistencia violenta", como diríamos en el más puro venezolanismo "como novia de pueblo: vestida y alborotada".
El post que tenía a medio escribir desde hace días, hablaba de este tema, de la violencia, pero hubo tres puntos que me hicieron desistir de publicarlo y comenzar a escribir uno nuevo. El primero fue ver cómo los estudiantes creaban inteligentes -y no se puede negar, divertidas- estrategias para las distintas marchas y movilizaciones que terminaron convirtiendo nuestra ciudad en una suerte de gran espacio donde se jugaba a "la candelita" entre grupos opositores y oficialistas, dejando a estos segundos como obvios perdedores del juego, porque al parecer nunca entendieron las reglas. El segundo, fue leer en prensa, Twitter, FB, blogs, etc, cantidad de notas, noticias, post, etc, relativos al tema de la violencia en las protestas, que contaban con opiniones de expertos, fotos y videos que ilustran claramente la situación que se ha vivido en el país. Y el tercero fue una conversación que tuve con mi amiga Sandra Barral (@sandrabarral), periodista, además de compañera de trabajo y de charlas de almuerzo. Comentábamos Sandra y yo -además de hablar de encuestas, popularidad, porcentajes, etc- que la gran diferencia entre las protestas de estos días y otras anteriores, es ver la evolución que ha tenido el pueblo venezolano. Por primera vez en un camino que ya lleva 11 años, el "pueblo" está dando señas de entender que a pesar de todo lo malo que hemos vivido, este es un proceso que era necesario para que la sociedad venezolana evolucionara y que como tal, nos guste o no, el proceso no puede ser interrumpido porque más que favorecernos, sería totalmente catastrófico para el país. No hay duda que el "pasar trabajo" -sin luz, sin agua, sin seguridad- ha sido factor fundamental en esta etapa de "entendimiento", al igual que ha servido para que muchos de los seguidores de Esteban -Gracias Laureano- hayan decidido que tal vez este no sea un gobierno que realmente los favorezca o los represente. Por primera vez, las encuestan muestras una clara y sostenida baja en la popularidad de Chávez, pero el hecho de que estas "pérdidas" sean capitalizadas en el rubro de los Ni Nis y no de la de los Opositores, nos enseña otra gran realidad y es que el "pueblo" ha sido capaz de evolucionar más rápido que la "Oposición" por llamar de alguna manera al grupo de partidos políticos que pretende -pero no logra- guiar al país. No es difícil -excepto para la "Oposición"- darse cuenta de que pre-candidatos independientes a la AN gozan de muchísimo más respeto, popularidad y simpatía entre la gente que aquellos que son impuestos o propuestos -según el gusto del intérprete- por ellos. Y más interesante aún, leer y escuchar las razones que esboza cada quien para justificar este apoyo. Lo que antes se limitada a "es la opción en contra" o "es que él es muy simpático", cambió de pronto por "es que me parece que está mejor preparado" o "me gustaron mucho las respuestas que dió a las preguntas que se le plantearon" -en el caso de los que participaron en el #VEdebate organizado por @CNAgency en Twitter-. Otra clara señal de esta evolución, es el NO rotundo que ha recibido Mr. Esteban con su idea del revocatorio. La gente está clara. Nadie quiere caer de nuevo en las trampas egocentristas que el Ponchao nos tiende. La gente está demasiado ocupada protestando para exigir soluciones que el Gobierno "debe" ofrecer a los problemas que sufre día a día, como para pensar en embarcarse en una "onda revocatoria". Muchos, por primera vez coincidimos en que el verdugo de Esteban no va a ser el Imperio, ni un golpe, ni siquiera los estudiantes, sino el mismo Esteban y que lo mejor que podemos hacer es unirnos y darle una manito para ayudarlo a que siga mermando su popularidad. A pesar de lo desesperados que estamos, queremos verlo llegar al final. Al verdadero final, cuando el país entero le diga por última y definitiva vez "Esteban Tas Ponchao". Sin vuelta atrás. Sin opción de reelección, revocatorio o cualquiera de las estrategias usadas para perpetuarse en el poder. Aunque para muchos resulte paradójico, Venezuela está creciendo. Y lo hace en la misma proporción en que baja la popularidad del Presidente. Pero nunca llegaremos a la madurez, como país, como sociedad, como pueblo, si el sector que intenta dirigirnos no logra entender y canalizar este crecimiento. Tácitamente y de a poquito, el país ha ido decidiendo que su "líder" es el propio país y sus intereses. Y si necesitamos pruebas de esto, no tenemos más que pasearnos por casos como el de Lara en el que un Gobernador "chavista" cuenta con el apoyo de unos y otros, simplemente porque su interés está en su estado y su gente. Y cualquiera, quien sea, de un bando o del otro, que no logre entender esto, simplemente, está Ponchao.

lunes, 18 de enero de 2010

Ponchao!



He oído hasta el cansancio que la única forma de salir de Chávez es a través de un líder único que mueva masas y represente y guíe a los venezolanos por el camino de la protesta que desemboque en una renuncia. Estoy de acuerdo en que necesitamos un líder que ayude a Venezuela a salir de lo que le espera en la etapa post-Chávez, que todos esperamos que llegue pronto, pero no creo para nada que un único líder pueda sacar a Venezuela de la encrucijada en la que se encuentra ahora. Por el contrario, pienso que demostraciones de protesta inteligente y planificada como la que vimos ayer en el juego Caracas-Magallanes son las que pueden "mover" a un país hacia adelante en el camino hacia su libertad.
Sabemos de los estudiantes y movimientos de estudiantes que liderizan estas protestas. Todos los conocemos. Pero lo interesante de estas manifestaciones de descontento es la forma anónima, genérica y efectiva con que se desarrollan. En pocos segundos la imagen de la pancarta decretándole a Chávez lo que todo un país ya sabe (que está ponchaísimo) le dió la vuelta al mundo gracias a Twitter, FB, Youtube y la magia maravillosa que hace un stadium a reventar de personas con un celular con cámara en la mano. Estas cosas no se pueden esconder, como tampoco se puede esconder la represión que vino después, a manos de una GN que como muy bien lo dijo Carlos Graffe por medio de un Tweet "se quitó su uniforme para ponerse la franela roja del PSUV", otra vez.
Lo más interesante es ver como la gente que se encontraba en el sitio, apoyó y hasta alcahueteó a los chamos que tenían la pancarta. El "pueblo" está cansado. Y admitámoslo, no solamente de Chávez. Está cansado también de la política de siempre, de las protestas de siempre. Está cansado de la falta de audacia y de creatividad. Queramos o no, la formulita de las marchas hacia ninguna parte y de las cacerolas que se silencian porque nadie las escucha, ya no convence a nadie. Protestas sorpresivas y "anónimas" como la de la pancarta o la de los colgados ubicados en las principales ciudades, son las que mueven y definitivamente las que le dan en el ego a un gobierno que está acostumbrado a tener todo bajo su control y que autoriza y desautoriza protestas masivas, según su conveniencia.
Venezuela quiere protestar, pero no quiere pedir permiso para hacerlo. No quiere una autorización para hacer un recorrido predecible e irse a su casa después con el sabor de un "deber" cumplido, pero con la sensación de no haber logrado nada.
Aplaudo a los estudiantes y la inciativa de la pancarta y espero, de corazón, que el país se llene de protestas de este tipo.
Y usted Sr. Presidente.... Está PONCHAO!

Aquí lo dejo, sólo para recordarlo un poquito más =)



Y aquí el video de la Agresión...

lunes, 11 de enero de 2010

Serrat y Penélope


Amo a Serrat. Pocas letras me llegan tanto como las suyas. Con pocos cantantes he matado tantos despechos como con él. Sus letras me parecen de una belleza increíble, simple, plana. Sin muchos adornos ni mucha palabrería. Palabras justas para transmitir ideas exactas, que generalmente describen cualquiera de los sentimientos que tenemos a flor de piel en el momento en que las necesitamos.
Pero a pesar de la belleza de Palabras de Amor, o de Cantares o de otras menos conocidas como Canción Infantil o Menos tu vientre, confieso que me causa fascinación una de sus canciones más comerciales, como lo es Penélope.
No puedo recordar la primera vez que la escuché, porque simplemente crecí escuchándola. Mi mamá la tocaba en la guitarra, invariablemente protegida por Cantares (antes) y Gavilán o Paloma (después), que aunque no es de Serrat, era como la perfectamente escrita para completar el trío. Después venían todas las de trova cubana y aquellas chilenas que aprendió mientras vivía allá. Pero la introducción, era Serrat.
Sin embargo, mientras, no sé por qué razón mi mente infantil me hacía pensar en Cantares como en una canción de esperanza, Penélope me parecía de una tristeza irreal, absurda. Imaginar a una mujer que durante años esperó a su amor, sentada en un banco de plaza, para que este volviera y ella no fuera capaz de renonocerlo, me parecía simplemente ridículo (más o menos lo mismo que causaba en mí la frase de otra que le encanta cantar a mi mamá que es "toma este puñal, ábreme las venas"). Primero, ¿Quién iba a pasar años sentada en el mismo sitio esperando por alguien? Segundo ¿después de esperarlo tanto, no iba a saber quién era?
Ya más grande, digamos que rondando los 15, me encontré con el mito de "Penélope y Ulises", y algo del asunto aquel de la canción de Serrat se aclaró en mi mente. Claro! -pensé- este señor escribió esta canción basándose en un mito griego, donde inevitablemente nadie es feliz (si no no diríamos que algo parece una "tragedia griega" cuando es terrible e ilógicamente triste). La pobre Penélope pasó 20 años esperando a su Ulises. Como la Penélope de Serrat que se dedicó a "tejer sueños en su mente", la del mito se dedica a confeccionar una mortaja para su suegro utilizándola como excusa para no desposarse con otro. Y cada noche deshace el trabajo hecho en el día para no tener que escoger pretendiente. Ulises regresa, después de 20 años y de mil mujeres seguramente y aunque Penélope no lo reconoce al momento porque entra vestido de mendigo, luego se percata de quien es y vuelven a estar juntos hasta que alguna otra tragedia los separe, porque como ya aclaramos, para los griegos, nadie es feliz.
Ya de grande (por no decir de vieja porque suena muy feo) mi visión de la canción de Serrat cambió nuevamente y parece mentira, pero ya no me parece ni tan irreal, ni tan mitológica, ni tan trágica, sino profundamente humana. ¿Es posible que podamos pasar gran parte de nuestras vidas esperando el amor y que cuando nos llegue no sepamos reconocerlo? O peor aún, que esté frente a nosotros y le digamos "Lo siento, pero tú no eres quien yo espero". ¿Cuántas oportunidades tenemos de encontrarlo? Como dije, la canción dejó de parecerme irreal, pero empecé a entender la "realidad" de su tristeza. ¿Podemos realmente pasarnos la vida esperando el amor que soñamos, tanto, que es posible que pase ante nuestros ojos el amor que merecemos y no nos demos cuenta?

Aquí les dejo a Penélope de Serrat...

¿Paro?


Tengo el BB a reventar de mensajes llamando a paro, y me van a disculpar si me vuelvo agresiva y hasta ofensiva, pero ¿quién en su sano juicio puede pensar que la salida que podemos tener en este momento venga de un paro nacional? ¿seré yo la única que en medio de mi jaqueca perenne piensa que eso no haría más que favorecer al mismo Chávez, como -y por favor, aceptémoslo- fue al único que favoreció el paro de 2002-2003?
Un paro en este momento significaría, no sólo el quiebre de las pocas empresas que quedan en pié, sino que además, intensificaría una crisis que le daría al Gobierno pie para tomar, de una vez, las medidas que le faltan para terminar de hundirnos. Para el mejor ejemplo, tenemos los sucesos de abril de 2002.
Un paro, por lo menos en Venezuela, no es una medida de protesta efectiva. No lo puede ser cuando la gente se toma los días de "vacaciones" para jugar dominó, comprar cervecita encaletada, hacer cola para tener los tanques llenos para poder irse a pasar el paro en la playita y entra en las peluquerías "a puerta cerrada" para pintarse banderitas en las uñas y lucirlas en las marchas de la tarde.
Necesitamos protestar, si, estoy de acuerdo. Pero protestas sostenidas, inteligentes y efectivas. Protestas que empiecen a generar piedritas en los zapatos de Chávez y su clan, para que se vean en la necesidad de reaccionar ELLOS, mientras NOSOTROS, vamos tomando el control. Un paro nacional, lejos de hacer esto, le da al Gobierno el control total, de nuevo.
Venezuela necesita que trabajemos por ella, hoy más que nunca. Y trabajar por ella, significa cumplir con nuestros trabajos e ir más allá. Organizarnos y organizar a los demás. Hacer sentir nuestra propuesta diaria de cualquier manera posible. Entiendo que Twitter, FB, los BB no tienen el alcance que quisiéramos, pero esos no son los únicos recursos con los que contamos. Hay que hablar con la gente. Recordemos que a lo mejor estamos muy convencidos, pero hay otros que no. Dejemos de quedarnos callados ante los atropellos, por miedo o por pensar que somos minoría. Si la somos (que no lo creo) igual tenemos derecho a quejarnos y a protestar, porque este es un país que nos pertenece a todos.
Sé que es difícil hablar de paciencia cuando tenemos 11 años esperando, pero ver que el fin puede estar cerca, no significa que tenemos que apresurarnos, sino que tenemos que ser más cautelosos.Bien dicen que del apuro sólo queda el cansancio y necesitamos resistencia.
Venezuela nos necesita ahora más que nunca. Calmados, pacientes y claros. Y sobretodo con muchas ganas de luchar.

jueves, 7 de enero de 2010

Chispas


Alguien dijo que el peor enemigo de cada uno de nosotros, somos nosotros mismos. Cuesta a veces entender esta afirmación, porque no aceptamos que constantemente nos saboteamos la felicidad simplemente por confundirnos o por querer cumplir con paradigmas autoimpuestos que han determinado el "cómo deben ser las cosas" por generaciones y generaciones. Pero la realidad (y aunque suene a que estoy adjudicándome el descubrimiento del agua tibia) es que el mundo ha cambiado. Y mucho.
Nos hemos acostumbrado a vivir acelerados. Oímos a muchos, pero no escuchamos a nadie. Conocemos cada día a cantidades de personas, pero se nos olvidó lo que significa confiar en alguien e incluso hasta dudamos de aquel que nos manifiesta su confianza. Se nos olvidó cómo conectarnos con nosotros mismos y escuchar nuestras emociones, porque vivimos más pendientes de prejuicios y falsos valores. Olvidamos disfrutar, vivir, entender que un momento de felicidad perdido no se recupera nunca. Dejamos de practicar la convivencia, porque ya no nos interesa compartir o sentir al otro, salvo en aquellos planos en los que nuestro interior no está comprometido.
No entendemos que "ser feliz" no depende de un estado o de una situación. Tampoco implica reir perennemente. Simplemente se trata de una actitud. De la actitud que nos lleve a decretarlo y a dedicarle el tiempo mínimo necesario para serlo, porque cuando la felicidad se vuelva parte de nuestras vidas la encontraremos en cada rincón donde busquemos.
Nos acostumbramos a ver las cosas elementales pero nunca la esencia. Siempre vemos el sombrero, pero jamás el elefante dentro de la boa. Nos hacemos una impresión de la gente, de las situaciones, pero jamás exploramos las razones. Y si en algún momento nos damos cuenta de estar equivocados, consideramos irrelevante rectificar, porque al final alguien o algo vendrá a sustituirlo.
Dejamos de lado a nuestro niño interior y lo peor, dejamos de confiar en él. Racionalizamos de tal forma la vida que reir, amar, enamorarnos, llorar, manifestar cariño dejó de ser espontáneo para convertirse en programado. Aprendimos a disimular (o a mentir) con tal de no dejar en evidencia nuestros sentimientos y nos complicamos pensando en las reacciones de los demás si los dejamos florecer.
Se nos olvida que nacemos y morimos solos y que es un verdadero privilegio tener quien nos acompañe en el camino. Que no todo el mundo consigue a quien amar y mucho menos aún quien lo ame. Que los sentimientos mueren, si no los cultivamos pero que también se vuelven inmensos cuando somos consecuentes con ellos. Que no tienen límite, al igual que nuestra propia esencia. Que querer es poder. Que limitarnos es el peor daño que podemos hacernos a nosotros mismos y que no vivir a plenitud es simplemente vivir a la mitad.
Como decía Laura Esquivel, hay que encontrar esa chispa que hace que nuestra caja de fósforos encienda: en el plano laboral, en el plano familiar, en nuestro desarrollo como seres plenos, en el amor, en el sexo y en todos los ámbitos de nuestra vida. Y cuando lo encontramos, conservarlo y protegerlo como el mayor tesoro, porque al final eso será lo único que importe, el que hayamos sido felices y estemos satisfechos con nosotros mismos.
Hay que vivir, amar, entregarnos, equivocarnos si es necesario y volver a empezar. Pero nunca rendirnos.